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Tipos de cámaras
¿Cuántas veces nos hemos encontrado asì en nuestra (j)aula de clase?
¿Acaso no hay más espacios que inviten a escapar de las cuatro paredes y concretar el aprendizaje bajo otros entornos?
Por otro lado podemos pensar que sólo con el sistema tradicional (como lo muestra la foto) es posible despertar interès, entusiasmo y trascender en nuestros dicentes, pero la sospecha es que hay algo que a ellos si les gusta, estàn aprediendo de otra forma, còmo podelos llegar a ellos ¿serà que somos maestros del siglo XX trantando de influir en personas del siglo XXI?
http://www.accioncatolica.org.ar/areas/educacion/index.php
"El fin específico, propio y directo de la educación
consiste en la perfección de las potencias humanas"
Me he leìdo todos los libros de Pearl S. Buck y de Edgar Allan Poe, son mis màs entrañables textos, al igual que la literatura sobre Educaciòn y especìficamente sobre Medios Didàcticos y Educaciòn Virtual.
Me gusta estar actualizàndome en diferentes temas, pienso que el ser humano tiene un compromiso ineludible con el mismo, la formaciòn constante y permanente de su intelecto, lo cual le permite responder con màs posibilidad de acierto a los retos que le plantea la sociedad Moderna. Actualmente adelanto un Diplomado en formaciòn de Docentes en Medios Audiovisuales con la Universidad Nacional.
Trabajo en la Instituciòn Educativa Provenza como docente de Inglès y de Tecnologìa e Informàtica, igualmente me encanta lo que hago en la UNAB a travès de la facultad de Educaciòn, UNAB Tecnològica y UNAB Virtual, el mundo universitario es fascinante, atrayente, enriquecedor..
En este espacio podremos dialogar sobre los retos que nos plantea el uso de las nuevas tecnologìas de la informaciòn y la comunicaciòn (NTIC`S)
El rápido avance de la tecnología, hace que las personas se cuestionen sobre el uso que se le da a ésta desde el aspecto pedagógico y tecnológico, por lo tanto se hace urgente adquirir una manera crítica de incorporar dichos elementos al aula de clase.
Este panorama obliga a las universidades (incluso más a las facultades de educación y unidades académicas) a desarrollar programas de formación disciplinar y profesional en este campo, que permita a sus estudiantes incorporarse de inmediato (in so facto) a esta nueva cultura de la información, más aún cuando muchos de los sistemas de aprendizaje tienden a modalidades telemáticas y de educación virtual.
Es importante que nos cuestionemos sobre el impacto que tienen estas tecnologìas en el ambiente escolar y de què manera somos responsables por la buena utilizaciòn de estas poderosas herramientas en nuestro trabajo y en la forma de pensar de nuestros estudiantes.
Juan H. Alvarez Santoyo
Recurrir al miedo
Noam Chomsky
Tehelka/Znet
Traducido por Genoveva Santiago y revisado por Cristina Feijóo
El recurso del miedo, empleado por los sistemas de poder para disciplinar a sus poblaciones ha dejado un horrible rastro de sangre derramada y dolor que, a nuestra costa, ignoramos. La historia reciente ofrece muchos ejemplos estremecedores.
A mediados del siglo veinte se presenciaron crímenes, tal vez los más terribles desde las invasiones mongólicas. Los más salvajes se cometieron donde la civilización occidental alcanzó su mayor esplendor. Alemania era el centro rector de las ciencias, las artes y la literatura, y otros logros memorables. Previamente a la Primera Guerra Mundial, antes de que la histeria antigermánica se avivase en el Oeste, los politólogos estadounidenses consideraban que Alemania era también un modelo de democracia digno de ser imitado en el Oeste. A mediados de la década del treinta, Alemania fue arrastrada en pocos años a un nivel de barbarie con escasos parangones históricos. Lo más notable es que esto ocurrió con el apoyo de los sectores de la población más educados y civilizados.
En sus extraordinarios diarios de vida como judío durante el nazismo (que escapó a las cámaras de gas casi por milagro), Victor Klemperer escribe estas palabras acerca de un profesor alemán amigo suyo al que había admirado mucho, y que finalmente se unió al montón: "Si un día la situación se invirtiera y el destino de los derrotados estuviera en mis manos, dejaría en libertad a toda la gente corriente e incluso a algunos de los líderes que quizás, después de todo, puede que hayan tenido buenas intenciones y no supieran lo que estaban haciendo. Pero colgaría a todos los intelectuales y a los profesores tres pies más alto que a los demás; estarían pendiendo de las farolas tanto tiempo como lo permitiera la higiene".
La reacción de Klemperer era justificada y generalizada a gran parte del registro histórico.
Son muchas las causas de los acontecimientos históricos complejos. Un factor crucial en este caso fue la hábil manipulación del miedo. La “gente común” fue arrastrada al miedo de una conspiración mundial judío-bolchevique que pondría en riesgo la mismísima supervivencia del pueblo alemán. Eran necesarias medidas extremas, en "defensa propia". Venerables intelectuales fueron aún más lejos.
Cuando las nubes de la tormenta nazi se cirnieron sobre el país en 1935, Martin Heidegger describió a Alemania como la nación "más amenazada" del mundo, presa entre las "grandes pinzas" de Rusia y Estados Unidos, en un ataque que era contra la civilización en sí misma, Alemania no sólo era la víctima principal de esta fuerza pavorosa y bárbara, sino que además era responsabilidad de Alemania, "la más metafísica de las naciones", encabezar la resistencia. Alemania estaba "en el centro del mundo occidental" y tenía que proteger la gran herencia de la Grecia clásica de la "aniquilación", confiando en las "nuevas energías espirituales que se desarrollan históricamente desde el centro". Las "energías espirituales" siguieron desarrollándose de forma muy evidente cuando Heidegger hizo público ese mensaje, al que él y otros destacados intelectuales continuaron adhiriéndose.
El paroxismo de la masacre y la aniquilación no terminó con el uso de armas que bien podrían haber llevado a las especies a un amargo final. No debería olvidarse que estas armas que extinguen especies las crearon las figuras más brillantes, humanas y mejor educadas de la civilización moderna, trabajando en aislamiento, y así la belleza del trabajo en el que estaban extasiados les encantó tanto que aparentemente prestaron muy poca atención a las consecuencias: importantes reclamos científicos contra las armas nucleares comenzaron en los laboratorios de Chicago, después de que hubieron terminado su rol en la creación de la bomba, no en Los Álamos, donde el trabajo siguió hasta su inexorable final. Que no es el final definitivo.
La versión oficial de la Fuerza Aérea de EE.UU. relata que tras el bombardeo de Nagasaki, cuando era seguro que Japón presentaría la capitulación incondicional, el General Hap Arnold "quería el final más grandioso posible", una incursión con 1000 aviones a plena luz del día sobre las ciudades japonesas indefensas. El último bombardero regresó a la base justo cuando se recibió formalmente el acuerdo de rendición incondicional. El jefe de la Fuerza Aérea, el general Carl Spaatz, hubiera preferido que el gran final fuera un tercer ataque nuclear sobre Tokio, pero se le disuadió. Tokio era un "blanco pobre", que ya había ardido con la tormenta de fuego que se ejecutó cuidadosamente en marzo y dejó unos 100.000 cadáveres calcinados, constituyendo uno de los peores crímenes de la historia.
Asuntos así se excluyen de los tribunales penales militares y en gran parte se borran de la historia. Hoy día apenas se conocen en algunos círculos de activistas y especialistas. En esa época eran públicamente ensalzados como un ejercicio legítimo de autodefensa contra un enemigo despiadado que había alcanzado el máximo nivel de infamia al bombardear las bases militares de EE.UU. en sus colonias de Hawai y Filipinas.
Vale la pena recordar que los bombardeos de Japón de diciembre de 1941 ("el día que quedará en la infamia", en palabras de FDR (Franklin D. Roosevelt)) estaban más que justificados según la doctrina de "defensa propia anticipada" que prevalece hoy entre los líderes de los autodenominados "Estados ilustrados", EE.UU. y su cliente británico. Los mandatarios japoneses sabían que Boeing estaba produciendo las Fortalezas Voladoras B-17, y estaban seguramente enterados de los debates públicos en EE.UU. que explicaban cómo (los B-17) se usarían para incendiar las ciudades de madera japonesas en una guerra de exterminio, volando desde las bases de Hawai y Filipinas ("arrasar el corazón industrial del Imperio mediante ataques con bombas a ese “montón de hormigueros de bambú", recomendó el General retirado de la Fuerza Aérea Chennault en 1949, una propuesta que "sencillamente encantó" al Presidente Roosevelt. Evidentemente, es una justificación mucho más poderosa para bombardear las bases militares de EE.UU. en las colonias que cualquiera inventada por Bush, Blair y sus socios cuando ejecutaron su "guerra preventiva", que fue aceptado, con reservas tácticas, por el grueso de la opinión establecida.
La comparación, de todas formas, es inoportuna. Los que habitan en un montón de hormigueros de bambú no tienen derecho a sentir emociones como el miedo. Tales sentimientos y preocupaciones son privilegios de los "ricos que viven en paz en sus moradas", según la retórica de Churchill, las "naciones satisfechas, que no deseaban nada más para ellas que lo que ya tenían", y, a quienes, por eso, se les “debía confiar el gobierno del mundo" para que haya paz; un cierto tipo de paz, en la que los ricos se verían libres del miedo.
Cuán libres del miedo deberían sentirse los ricos queda gráficamente revelado en el altamente valorado aprendizaje de las nuevas doctrinas de "autodefensa anticipada", artísticamente desarrolladas por los poderosos. La contribución más importante, con alguna profundidad histórica, la hace un destacado historiador contemporáneo, John Lewis Gaddis de la Universidad de Yale. Asegura que la doctrina de Bush viene directamente de su héroe intelectual, el gran estratega John Quincy Adams. En la paráfrasis que hace The New York Times, Gaddis "sugiere que el programa de Bush para luchar contra el terrorismo radica en la noble e idílica tradición de John Quincy Adams y Woodrow Wilson".
Podemos dejar de lado el vergonzoso historial de Wilson y quedarnos con los orígenes de la noble e idílica tradición que Adams estableció en un famoso documento de estado al justificar la conquista de Florida por Andrew Jackson en la Primera Guerra de los Seminolas, en 1818. Adams argumentó que la guerra estaba justificada en la defensa propia. Gaddis está de acuerdo en que sus motivos eran preocupaciones legítimas por la seguridad. Según la versión de Gaddis, después de que los británicos saquearan Washington en 1814, los líderes de EE.UU. reconocieron que la "expansión es el camino hacia la seguridad" y por eso conquistaron Florida, una doctrina que se ha expandido ahora por todo el mundo gracias a Bush (con toda propiedad, según él).
Gaddis cita las fuentes correctas, principalmente el historiador William Earl Weeks, pero omite lo que dicen. Se aprende mucho sobre los precedentes de las doctrinas y el consenso actuales sólo con prestar atención a lo que Gaddis omite. Weeks describe todos los detalles escabrosos de lo que Jackson hacía en la "exhibición de asesinatos y saqueos conocida como la Primera Guerra de los Seminolas", que no era más que otra fase en su proyecto de "alejar o eliminar a los nativos americanos del sudeste", en proceso mucho antes de 1814. Florida era un problema, tanto porque aún no había sido incorporada al imperio estadounidense en expansión, como porque era un "paraíso para los indios y los esclavos fugitivos ... que huían de la ira de Jackson o de la esclavitud".
De hecho hubo un ataque indio, que Jackson y Adams utilizaron como pretexto: las fuerzas estadounidenses expulsaron a un grupo de seminolas de sus tierras, mataron a algunos y quemaron su poblado hasta que no quedó nada. Los seminolas respondieron atacando un barco de abastecimiento bajo mando militar. Jackson aprovechó la oportunidad y "se embarcó en una campaña de terror, devastación e intimidación", destruyendo poblados y "fuentes de alimentación en un esfuerzo calculado para infligir hambrunas a las tribus, que se refugiaron de su ira en las ciénagas". Así siguieron las cosas, que desembocaron en el documento de Estado de Adams, tan elogiado, que apoyó la agresión inmotivada de Jackson para establecer en Florida "el predominio de esta república por sobre las odiosas bases de la violencia y el derramamiento de sangre".
Éstas son las palabras del embajador español, una "descripción dolorosamente precisa", escribe Weeks. Adams "había distorsionado, disfrazado y mentido conscientemente sobre los objetivos y la conducta de la política exterior estadounidense ante el Congreso y el pueblo", continúa Weeks, violando groseramente sus proclamados principios morales, "defendiendo implícitamente la exterminación india, y la esclavitud". Los crímenes de Jackson y Adams "probaron ser un preludio de la segunda guerra de exterminación contra los seminolas", en la que los supervivientes huyeron al oeste, donde más tarde correrían la misma suerte, "o les asesinarían, o serían forzados a refugiarse en las densas ciénagas de Florida". Hoy, concluye Weeks, "los seminolas sobreviven en la conciencia nacional como la mascota de la Universidad Estatal de Florida", un caso típico e instructivo...
...El marco retórico se sustenta en tres pilares (Weeks): "la suposición de la virtud moral única de Estados Unidos, la afirmación de su misión de redimir al mundo" difundiendo sus ideales declarados y el "estilo de vida americano", y la fe en el "destino manifiesto" de la nación. El marco teológico suprime el debate razonado y reduce los asuntos políticos a elegir entre el Bien y el Mal, y por lo tanto reduce la amenaza a la democracia. Se rechaza a los críticos por "antiamericanos", un concepto interesante que se tomó prestado del vocabulario totalitarista. Y la población ha de acurrucarse bajo el paraguas del poder, por miedo a que su forma de vida y su destino estén bajo peligro inminente...
Noah Chomsky
Revista rebelion (http://www.rebelion.org)
Veo cómo se erosiona lo poco que queda de institucionalidad y cómo esa erosión viene de los responsables de conservarla: el Presidente y su combo de reeleccionistas
Por Antonio Caballero
Dicen el ex presidente norteamericano Bill Clinton y la secretaria de Estado Condoleezza Rice que Colombia puede ser "un ejemplo para Irak" porque el gobierno de Álvaro Uribe ha demostrado que es posible derrotar una insurgencia armada y recuperar para el Estado el control de un 30 por ciento del territorio nacional, que estaba perdido desde hacía décadas.
Yo no sé de dónde sacarán esos datos, que ojalá fueran ciertos. Tal vez se los transmiten el ex embajador en Washington Luis Alberto Moreno, que dice lo que cree que conviene, o el vicepresidente Francisco Santos, que cree lo que le dicen. Pero muy desesperados tienen que estar los norteamericanos con su empantanamiento en Irak para que empiecen a tomar por realidades contantes y sonantes las palabras falsas de los funcionarios de un país hundido en sangre hasta las narices. Tienen ojos, y no ven.
Escribe, por ejemplo, el vicepresidente Santos para algo llamado 'Project Syndicate 2005' que traduce el diario El Tiempo lo siguiente:
"El caos y la violencia en Irak han contribuido a abonar la idea de que no se puede derrotar a las insurgencias, por lo que hay que apaciguarlas. La experiencia de Colombia muestra que no es así. Una combinación de fuerza militar, incentivos políticos y crecimiento económico que beneficia a la población en general puede ser el comienzo para someter a una insurgencia".
¿Que no hay que "apaciguar"? Pero esa es la palabra que mejor describe lo que viene haciendo el actual gobierno con los narcoparamilitares. No son, estrictamente hablando, una "insurgencia", puesto que desde su origen y hasta hoy han sido estrechos aliados de las Fuerzas Armadas. Pero el gobierno, en un acto de malabarismo verbal, ha dado en reconocerles esa calidad para poder convertir sus actividades de narcotráfico en "delitos conexos" de sus masacres antisubversivas. Y una vez insurgentizados por arte de birlibirloque, ha procedido a apaciguarlos. Les ha entregado una ley de 'Justicia y Paz' redactada por ellos mismos. Les ha aceptado en prenda de paz un montón de armas inservibles. Les ha perdonado que sigan asesinando y extorsionando; controlando por la amenaza regiones enteras; imponiendo alcaldes y gobernadores y candidatos a las elecciones del Congreso, y también a la reelección presidencial; apoderándose de negocios tan variados como la salud pública y los juegos de azar del 'chance', la prostitución y el robo de gasolina. No les ha exigido nada a cambio. Ni la confesión de sus crímenes atroces, ni la restitución de sus bienes mal habidos. Y cuando los tribunales norteamericanos los han pedido en extradición por narcotráfico, el propio presidente Álvaro Uribe ha suspendido la medida, aunque dejando abierta la posibilidad de 'revisar' su decisión más adelante, para cuando su fingida desmovilización armada esté concluida. ¿La revisará? Tal vez lo crea así el vicepresidente Santos. Tal vez lo haya dicho así el embajador Moreno. Yo no lo creo. No lo cree ni siquiera el comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, que se queja del "malestar" de las autodefensas ante la posibilidad de que sus líderes vayan a ser "recluidos": no han negociado para eso.
Si eso no es "apaciguar", ¿qué es "someter"? El Alto Comisionado teme lo peor cuando habla del clamor de angustia de los campesinos "ante una guerrilla agresiva que espera como un animal de presa que los paramilitares entreguen las armas, para ingresar a sus territorios". Pero el Presidente lo tranquiliza: "Este desmonte de estructuras paramilitares ha llevado a que me pregunten: ¿y quién nos va a defender? La respuesta es una: la institucionalidad".
Personalmente, yo no veo a esa señora por ninguna parte. Por el contrario: veo cómo se erosiona día a día lo poco que queda de institucionalidad en el país, y cómo esa erosión viene precisamente de quienes debieran ser los responsables de conservarla y reforzarla: el Presidente y su combo de reeleccionistas. La llamada "institucionalidad" apenas se mantiene precariamente por los auxilios económicos del Plan Colombia, hoy subsumido en el Plan Patriota, que vienen del presupuesto de los Estados Unidos. Pero cabe dudar de que el Congreso norteamericano apruebe los giros correspondientes cuando se dé cuenta de que, pese a las buenas palabras, los resultados tantas veces anunciados siguen sin verse por ninguna parte.
Al pastorcito mentiroso del cuento dejaron de creerle cuando anunció demasiadas veces que venía el lobo, y no era cierto. A estos pastorcitos mentirosos de ahora tampoco les van a seguir creyendo si insisten en que los lobos ya se han ido, cuando siguen ahí. Y a veces son ellos mismos.
Antonio Caballero
Revista Semana
http://www.semana.com.co
